El cuento de la cigüeña y el globo.

En aquel pequeño, gris, yermo y remoto pueblecito de montaña tenían desde hace muchos, muchos años un grave, gravísimo problema: ni los más viejos del lugar recordaban la última vez que habían sido bendecidos con la llegada de un bebé recien nacido. La cosa empezó (dicen algunos) con ciertas medidas del gobierno respecto de la prolongación de la edad de jubilación de las cigüeñas. Al parecer esto derivó en que las pobres, a medida que iban cumpliendo años (años de cigüeña, que cuentan el triple) tenían cada vez  más dificultades para sortear los altos picos que rodeaban -y siguen aún rodeando- el pueblo, con lo que poco a poco el servicio se fue deteriorando… hasta que un día los bebés dejaron de llegar.
Pero no crean que el desánimo cundió de buenas a primeras. Cuando los ciudadanos se apercibieron de la situación, debatieron largo y tendido buscando soluciones alternativas. En mitad de un brainstorming, uno de ellos, perito agrónomo de profesión, informó de cómo en ciertas aldeas de Nueva Gales del Sur se habían llevado a término con muy buenos resultados, experiencias piloto con huertas de repollos: con los cuidados adecuados, el 27,43% de los repollos adultos terminaban produciendo un bebé sano y  gordito, aunque eso sí, con un cierto tono de piel verdoso. Dada la gravedad de la situación les pareció un detalle sin importancia, de modo que se pusieron a ello con entusiasmo.
La verdad: no les duró mucho. Ni el suelo era el adecuado, ni el clima de montaña les favorecía, y además ni siquiera eran grandes jardineros, quite the contrary: la mayoría eran estudiosos y teóricos de las lenguas muertas de la antigua Mesopotamia. Total, que lo que obtuvieron fue una birriosa cosecha de coles de bruselas y la deprimente cantidad de cero niños.
Y ahí sí. Ahí ya… se deprimieron. No se les ocurría nada y fueron cayendo paulatinamente en la apatía, hasta el punto en que incluso llegaron simplemente a olvidarse, poco a poco, de que tenían ESE terrible problema. Y pasaron los años y el pueblo-sin-niños se fue poniendo más y más gris…
Hasta que un día sucedió algo totalmente inesperado. Insólito.
Era un miércoles. Como todos los miércoles las fuerzas vivas del pueblo practicaban Tai-chi en lo alto de la torre del homenaje. Pero éste miércoles en concreto algo les perturbaba y les impedía concentrarse como Confucio manda. Pronto cayeron en la cuenta de que un inusual y lejano (y fastidioso, ¡por Confucio!) rumor flotaba en el ambiente. Media hora después el rumor pasó a petardeo y al poco, a estruendo intolerable.  Pero el cielo estaba encapotado y aunque podían adivinar la cercanía de la fuente de su quebranto, por mucho que oteaban el horizonte no conseguían ver qué demonios estaba pasando, de qué demonios se trataba.
Hasta que lo tuvieron justo encima. De repente, suddenly, de entre las nubes surgió aquello. Finalmente las cigüeñas, hartas de la situación se habían rebelado, habían derrocado al gobierno y habían creado (entre otras muchas cosas buenas, que son muy sabias ellas) la Nueva Agrupación Pública Aeronáutica de Libranza de Monaditas (NAPALM), que en lo sucesivo se encargaría de entregar los bebés recién nacidos en sus destinos correspondientes, sin demoras, sin errores, sin esfuerzos desproporcionados y además en preciosos globos autopropulsados de colores.
Y desde ese día, el pueblo ya no fue nunca más gris. Y vivieron felices. Y comieron como cerdos. Y colorín colorado, éste cuento se ha acabado.
Con cariño, para Larraitz y Tomás. Y para  Mikele, que vino en globo…
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Acerca de isabel mancebo balda

Soy dibujante, eso es lo que soy.
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4 respuestas a El cuento de la cigüeña y el globo.

  1. arkimia dijo:

    No sé si a Tomás y a Larraitz les gustará, pero estoy seguro de que a Mikele le encantará.
    Por cierto, la torre del homenaje delata tu navarreidad ;-)))

  2. Ya ve usted, navarra por los cuatro costados, je, je… El cuento igual es un poco largo para el formato blog. Desde luego bastante más largo de lo que acostumbro, pero es que solté la mano y me fui gustando…

  3. tomas dijo:

    A mi también me gustan los globos y Mikele mira el cuadro todos los días y sonrie…
    Precioso cuadro y precioso cuento. Larga vida para la Nueva Agrupación Pública Aeronáutica de Libranza de Monaditas.

    Un fuerte abrazo

    • Esa nena… Creo que le voy a regalar un globo de colores cada año. Y cuando cumpla 18 uno aerostático para que se vaya de casa, que si no no le vais a dejar, jajajaja….

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